Aria Vega y Ryan Castro ponen chévere a La Troja

Aria Vega y Ryan Castro ponen chévere a La Troja
Domingo, Febrero 15, 2026 - 03:00

Aria Vega y Ryan Castro ponen chévere a La Troja

La azotea de La Troja se convirtió en escenario improvisado durante el Sábado de Carnaval en Barranquilla, cuando Aria Vega y Ryan Castro desataron euforia colectiva con casi una hora de show que paralizó la 44 con 74.

Barranquilla - La 44 con 74 dejó de ser una esquina para convertirse en escenario. La noche del sábado 14 de febrero, en pleno Sábado de Carnaval, Ryan Castro y Aria Vega aparecieron sin previo aviso en la azotea de La Troja y desataron uno de los momentos más electrizantes y comentados del Carnaval 2026.

No hubo anuncio, no hubo conteo regresivo. Solo el murmullo que se convirtió en grito cuando las siluetas se asomaron sobre la estructura del tradicional templo salsero. En segundos, la marquesina se transformó en tarima urbana y la calle en platea abierta. Celulares en alto, luces encendidas y una multitud que entendió que estaba presenciando algo fuera de libreto.

La irrupción ocurrió horas después de la Batalla de Flores, cuando la ciudad ya vibraba en modo celebración total. Abrazados, comenzaron a interpretar “Chévere (Premium Remix)”, colaboración lanzada el 12 de febrero, en una presentación que se extendió por casi una hora y convirtió el techo en epicentro sonoro del Carnaval nocturno.

El efecto fue inmediato y expansivo. La música rebotaba entre fachadas, el coro se multiplicaba por cuadras y la 44 parecía latir al mismo ritmo. Lo que empezó como sorpresa terminó en espectáculo callejero con energía de concierto masivo, pero sin vallas ni producción formal: puro pulso carnavalero.

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“Chévere”, en su versión original de Aria Vega, ya venía ganando terreno en plataformas digitales y listados musicales nacionales. El remix junto a Ryan Castro potenció esa mezcla de urbano y esencia caribeña que encontró en La Troja un escenario natural. La cantante barranquillera y el artista paisa sellaron así una postal que mezcló identidad local con proyección nacional.

Videos difundidos en diferentes plataformas muestran la magnitud del momento: gente apiñada en la calle, baile pegado, gritos, flashes y la marquesina convertida en tarima improvisada. Desde abajo, el público marcaba cada verso mientras los artistas dominaban la altura con gestos, saltos y energía sostenida.

La presentación no formó parte de un concierto programado. La Troja, fiel a su tradición, mantuvo su dinámica abierta de música continua y celebración espontánea. Pero esa noche la sorpresa escaló de fiesta habitual a acontecimiento urbano.

Tras la interpretación, la euforia no se disipó. La vía pública siguió convertida en pista colectiva, con asistentes coreando y registrando cada instante. Las publicaciones y mensajes relacionados con el Carnaval 2026 se multiplicaron durante la madrugada, ampliando el eco de lo ocurrido más allá de la esquina.

La aparición coincidió con otros eventos oficiales en la ciudad, incluidos conciertos en escenarios formales. Sin embargo, lo sucedido en La Troja capturó una atención distinta: la del momento inesperado que irrumpe sin permiso y se impone por intensidad.

La esquina de la 44 con 74 ha sido históricamente uno de los puntos neurálgicos del Carnaval nocturno. Fundada por Edwin “Guayacán” Madera, La Troja se consolidó como símbolo del goce salsero y del encuentro ciudadano. Hoy, bajo la batuta de Ana Mile Madera, el lugar mantiene viva esa herencia y en esta edición del Carnaval se puso la diez al convertirse en escenario inesperado de uno de los momentos más comentados de la temporada. Cada año concentra a locales y visitantes que buscan vivir la experiencia del baile continuo hasta la madrugada.

En 2026, esa tradición sumó un capítulo de alto voltaje con la imagen de dos figuras urbanas sobre la azotea, reinterpretando el espacio público como escenario abierto. La escena evidenció cómo el Carnaval integra generaciones, géneros y sonidos sin perder su esencia.

Más allá del brillo del momento, la convivencia musical también quedó expuesta: mientras sonaba la programación habitual de salsa y ritmos tropicales, el urbano tomó protagonismo por casi una hora, integrándose al pulso festivo sin desplazarlo.

El fenómeno digital consolidó el impacto. Las publicaciones replicaron ángulos distintos del mismo instante: el abrazo inicial, el coro multitudinario, la reacción colectiva extendiéndose por la vía pública. En cuestión de horas, la escena se integró al relato visual del primer día central del Carnaval.

La noche del 14 de febrero dejó así una imagen potente: no un desfile ni una tarima convencional, sino una azotea convertida en símbolo del espectáculo espontáneo. Un episodio amplificado por la música y por la energía de la calle que terminó por sellar uno de los capítulos más comentados del Carnaval de Barranquilla 2026.

 

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