Barranquilla — La Luna del Río superó los 157.000 visitantes en su primer mes de operación en el Gran Malecón, una cifra que confirma el impacto inmediato de esta rueda panorámica en la vida cotidiana de la ciudad y su rápida consolidación como punto de encuentro para familias, turistas y residentes que hoy miran a Barranquilla desde las alturas.
Durante las primeras cuatro semanas de funcionamiento, el flujo constante de personas hacia este sector del río Magdalena ha cambiado la dinámica diaria del Malecón. Lo que antes era un espacio de paso se ha convertido en un lugar de permanencia, donde grupos familiares, visitantes nacionales y ciudadanos de distintos barrios se reúnen para vivir una experiencia que combina paisaje, ciudad y espacio público.
El dato de los más de 157.000 usuarios no solo refleja curiosidad inicial. Marca también una tendencia de uso sostenido que posiciona a la Luna del Río como uno de los atractivos más concurridos de Barranquilla en la actualidad, con una incidencia directa en el movimiento de comercio informal, restaurantes y servicios que operan en el entorno inmediato.
Un nuevo punto de encuentro sobre el río
La rueda panorámica está ubicada en el Gran Malecón, uno de los corredores urbanos más visitados de la capital del Atlántico. Desde su apertura, se ha integrado a la rutina de fin de semana y de días festivos, ofreciendo una alternativa distinta para quienes buscan actividades recreativas sin salir de la ciudad.
Cada recorrido tiene una duración aproximada de entre 15 y 20 minutos. Durante ese tiempo, los usuarios acceden a una vista de 360 grados que permite observar el río Magdalena, los nuevos desarrollos urbanísticos del sector y buena parte del perfil urbano de Barranquilla. La experiencia conecta naturaleza, infraestructura y espacio público en un mismo trayecto.
La operación diaria de la atracción ha implicado una reorganización natural del flujo de visitantes en el Malecón. Familias que antes se concentraban en las zonas de juegos infantiles o en los espacios gastronómicos ahora suman la rueda panorámica como parte central de su recorrido, ampliando el tiempo de permanencia en el sector.
Acceso, costos y condiciones de uso
El ingreso a la Luna del Río tiene un costo individual de 15.000 pesos. La atracción es accesible para personas con discapacidad, lo que amplía el rango de población que puede disfrutarla y fortalece su carácter incluyente dentro de la oferta recreativa de la ciudad.
En cuanto a las condiciones de uso, la edad mínima para el ingreso es de cinco años. No está permitido el abordaje de mascotas, una medida que responde a criterios operativos y de seguridad establecidos desde la apertura del servicio.
Estas reglas han permitido mantener una operación ordenada en un espacio que recibe diariamente a cientos de personas. El control de accesos y la rotación constante de cabinas facilitan que el flujo de usuarios se mantenga estable, incluso en jornadas de alta afluencia.
La experiencia no se limita al trayecto en altura. Para muchos visitantes, la espera, la observación del movimiento del río y la convivencia en las zonas aledañas se han convertido en parte integral del plan, reforzando el carácter social del lugar.
En términos técnicos, la Luna del Río cuenta con 65 metros de altura y 44 cabinas climatizadas. Su capacidad total es de 264 personas por viaje, lo que permite una rotación eficiente y una atención continua durante las horas de mayor demanda.
Estas características la convierten en la noria más grande de Colombia y en una de las más importantes de Latinoamérica, un dato que suma valor al atractivo sin necesidad de recurrir a montajes especiales o eventos adicionales.
La dimensión de la estructura también ha modificado la imagen del sector. Desde distintos puntos de la ciudad, la rueda panorámica es visible como un nuevo elemento del paisaje urbano, aportando identidad visual al frente fluvial de Barranquilla.
Más allá de la postal, el impacto se siente en la actividad económica que se mueve alrededor. La alta afluencia durante el primer mes ha dinamizado la operación de comercios formales e informales, así como de servicios asociados al turismo urbano.
El texto oficial señala que este comportamiento fortalece la oferta turística, cultural y recreativa de la ciudad, al tiempo que genera oportunidades para pequeños emprendimientos que encuentran en el flujo constante de visitantes una base de clientes estable.
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La presencia diaria de cientos de personas también ha incrementado la percepción de seguridad en el sector, al mantener activos los espacios públicos durante más horas del día. Este efecto colateral ha sido clave para consolidar al Malecón como un punto de encuentro permanente y no solo como un escenario ocasional de eventos.
Desde la Administración distrital se reafirma la apuesta por proyectos que promuevan el disfrute del espacio público, el turismo sostenible y el orgullo de ciudad. En ese marco, la Luna del Río se presenta como una pieza central de una estrategia que busca acercar a los ciudadanos a su entorno natural y urbano.
La invitación institucional apunta a que más visitantes se sumen a la experiencia de observar Barranquilla desde las alturas, integrando esta opción dentro de los recorridos habituales por el Malecón y los espacios cercanos al río.
En apenas un mes de operación, la cifra de visitantes ya marca un punto de referencia para futuras iniciativas de este tipo. El comportamiento del público muestra que existe una demanda real por experiencias urbanas que combinen recreación, paisaje y accesibilidad.
La Luna del Río, como atractivo permanente del Gran Malecón, se instala así en la rutina diaria de la ciudad. No como un evento temporal, sino como un nuevo elemento del mapa urbano que empieza a redefinir la manera en que los barranquilleros se relacionan con el río y con sus propios espacios públicos.
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