Barranquilla - Varios funcionarios de alto nivel de la administración distrital presentaron renuncia voluntaria a sus cargos, las cuales ya fueron radicadas, pero hasta el momento no cuentan con acto administrativo de aceptación, por lo que continúan en funciones. El movimiento, concentrado en un mismo periodo y en dependencias estratégicas, ha activado lecturas políticas en el Atlántico, sin que exista una versión oficial unificada sobre sus motivaciones.
Entre los funcionarios que presentaron renuncia se encuentra Fernando Fiorillo Zapata, jefe de la Oficina de Gestión del Riesgo, un perfil con trayectoria administrativa y cercanía al entorno del alcalde. Junto a él, también radicaron su dimisión Elania Redondo, secretaria de Gestión Humana; Rubén García H., jefe de la Oficina de Protocolo y Relaciones Públicas; Angelly Criales Aníbal, gerente de Edubar; Libardo García, gerente del Área Metropolitana; Miguel Díaz, jefe de la Oficina de Servicios Administrativos; y Antonio Reales, asesor de despacho.
Desde el punto de vista jurídico, la situación mantiene a todos los funcionarios en sus cargos. La presentación de la renuncia constituye el acto inicial, pero mientras no se expida el acto administrativo de aceptación, no se configura una vacancia efectiva ni un relevo formal en la estructura del Distrito. Fuentes de la administración señalaron que los trámites se encuentran en evaluación, sin plazos definidos para una decisión.
La coincidencia temporal de las renuncias y el nivel de los cargos involucrados ha generado interpretaciones en distintos sectores políticos del Atlántico. En corrillos y análisis partidistas, el episodio es leído como un movimiento previo para que algunos de los funcionarios asuman roles políticos activos en respaldo a proyectos y candidatos, con miras a los próximos comicios al Congreso de la República Senado y Cámara y, posteriormente, a las elecciones presidenciales. Esta lectura, sin embargo, no ha sido confirmada por la administración distrital ni por los propios funcionarios.
Según el entorno de los funcionarios que presentaron renuncia, no se trata de retiros ordenados ni de una reconfiguración impuesta desde el despacho del alcalde. Las renuncias, insisten, fueron presentadas por iniciativa de los funcionarios, lo que marca una diferencia sustantiva frente a figuras como la remoción o la declaratoria de insubsistencia. Esa distinción ha sido clave en el manejo interno del episodio, en la medida en que evita lecturas de crisis o de ruptura administrativa.
Las dependencias comprometidas cumplen funciones sensibles en la operación del Distrito. Gestión del Riesgo articula la respuesta institucional ante emergencias; Gestión Humana coordina el talento y los procesos administrativos; Protocolo y Relaciones Públicas canaliza la agenda institucional; Edubar ejecuta proyectos urbanos; el Área Metropolitana coordina acciones supramunicipales; Servicios Administrativos soporta la operación interna; y la asesoría de despacho acompaña decisiones estratégicas. Por ello, cualquier definición sobre las renuncias tendrá impacto directo en la continuidad de la gestión.
Analistas consultados señalan que la presentación anticipada de renuncias suele obedecer a varias razones concurrentes. Entre ellas, el cierre de ciclos administrativos, la prevención de eventuales inhabilidades y la decisión personal de asumir otros proyectos. En contextos preelectorales, añaden, este tipo de movimientos suele intensificarse, aunque no necesariamente se traduce en candidaturas formales.
Hasta ahora, ni el Distrito ni los funcionarios han emitido comunicados explicando las motivaciones de fondo. La ausencia de pronunciamientos ha contribuido a que el episodio se mueva entre el plano administrativo y el político, con versiones que circulan sin confirmación oficial.
Mientras se define la aceptación o no de las renuncias, la administración continúa operando con normalidad. Los funcionarios mantienen sus responsabilidades y la agenda institucional sigue su curso. En paralelo, el episodio deja en evidencia el inicio de un periodo de ajustes y definiciones, en el que las fronteras entre gestión pública y actividad política comienzan a hacerse más visibles.
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La evolución del trámite administrativo será determinante para establecer el alcance real del movimiento. Si las renuncias son aceptadas, el Distrito deberá activar los mecanismos de encargo o designación para garantizar la continuidad. Si no lo son, el episodio quedará como una señal temprana de reacomodos en un escenario político que empieza a tomar forma en el Atlántico.
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